Poder sevillano y Almería: voces en medio de la tormenta
“Es curioso, pero la misma semana, la presidenta y el vicepresidente viajaron hasta Almería”
En apenas tres horas tuvo más de cuatro mil
entradas en la red- sobre las causas que han hecho estallar esta semana
el malestar latente de muchos almerienses por el trato negativo con que
Sevilla ha distinguido siempre a Almería. Pocas veces tan pocas
palabras-exactamente 26- resumían tan certeramente treinta años de
relación entre el poder sevillano y Almería.
Es curioso, pero la misma semana que los almerienses dejaron oír su
voz de descontento, decepción y hartazgo, la presidenta y el
vicepresidente viajaron hasta Almería. Nunca sabremos si fue casualidad o
hubo una relación de causalidad. Pero el hecho-las dos visitas en menos
de cuarenta horas- es oportuno e interesante. ¿Por qué? Vayamos a ello.
La política española se ha convertido en los últimos años en un
permanente ejercicio de escapismo, en una persistente fuga a ninguna
parte. Al huracán de voces que demandan medidas que atajen la espiral
perversa de descrédito en que ha caído la política, los políticos
responden con el silencio, el cinismo o la demagogia, tres
comportamientos distintos y un solo objetivo verdadero: engañar a los
ciudadanos.
Susana Díaz y Diego Valderas no han cometido esta vez el primer
pecado democrático y han dado la cara. Como tituló El País el
miércoles-“Díaz intenta acallar las quejas por la falta de un consejero
almeriense”- o como tituló El Mundo el jueves- “La presidenta busca el
desagravio con Almería tras las críticas a la composición del
Gobierno”-, los dos, juntos pero por separado, han venido a dar sus
argumentos. Argumentos, muchos de ellos, que no comparto: hoy como ayer
la marginación de Almería es una enfermedad crónica a la que hay que
poner remedio o nos obligarán a buscar otras terapias que puedan curar
el mal de desdén y agravio que padecemos.
Para rebatir una posición no hay manera mejor que el respeto y la
atención. Aprender a escuchar, esa es la clave, cuando se tienen
intenciones de avanzar. Es desde esa atención y desde ese respeto desde
el que puede preguntársele a Valderas cómo puede sostener que Almería es
objeto prioritario por parte del gobierno cuando la consejería de
Fomento- ocupada ahora por IU- lleva años sin poner un solo euro para
que avancen las obras de la variante de Roquetas o la autovía del
Almanzora. Una pregunta que podría ampliarse con otra en la que los
interrogantes estuvieran puestos en ¿por qué se equivocan los
empresarios manifestando con contundencia sus críticas y planteando
opciones que imposibiliten el colonialismo autonómico hasta ahora
padecido? ¿Qué es lo que deben hacer? ¿Callar?
Sinceridad Quien no ha callado su opinión sobre las quejas
almerienses ha sido Susana Díaz. La presidenta, en un gesto de
sinceridad inusual en la política, reconoció el jueves que “comprende”
la polémica y la considera “lógica, legítima y natural”. No está de
acuerdo con los argumentos de quienes critican- criticamos- la decisión
(por lo que desvela de desdén, no por nominalismos), pero su
reconocimiento público de comprender la crítica supone aceptar que
quienes la hacen están asistidos, al menos, de una parte de razón.
En su obsesión por defender siempre las decisiones de que quien manda
–quien da los cargos, vamos- nunca se equivoca, los defensores de
guardia del poder que consideraban incompresibles las críticas se habrán
visto defraudados. Susana no sólo comprende las críticas sino que las
ve razonadas y razonables. No hay nada peor que empeñarse en ser más
susanista que Susana; al final siempre caes en la evidencia del
ridículo.
Los trabajadores y los empresarios son los que han llevado esta
provincia desde aquel mar de miseria y emigración a esta playa de
progreso. Con crisis, claro; con aciertos y errores, por supuesto. Pero
ha sido su esfuerzo compartido el que la ha levantado. Por eso tienen,
no sólo el derecho, sino la obligación de decir lo que piensan. Es lo
que han hecho y no hay que agradecérselo. Han cumplido con su
obligación. Sabiendo además que no iban a satisfacer ni a uno ni a otro
lado de la trinchera. A los de la orilla izquierda porque el silencio
nunca perturba y ellos, con su críticas, lo han roto; a los de la
derecha porque la estridencia (contra el contrario, claro) siempre
parece poca. Olvidan los dos bandos que el silencio monacal sólo trae
pasividad y la trinchera humo y que ninguno de los dos escenarios han
procurado nunca ningún beneficio colectivo.
Opinión La presidenta no ha respondido con el silencio. Ha venido y
ha dado su opinión. Esta semana ha sido el tiempo de las palabras. Ahora
llega el momento de los hechos. Y de ellos y de sus aciertos en las
decisiones que están por venir depende que la llama encendida por la
chispa de un agravio irrazonado por irrazonable no acabe incendiando el
bosque de una relación entre Sevilla y Almería marcada por la
incomodidad compartida.
La respuesta de la Junta a las propuestas que le llegarán desde
Almería (desde su partido hasta Asempal, la Cámara y otros colectivos y
personas)supondrá un punto de partida hacia el encuentro o un punto y
seguido (otro más) en la pendiente del desencuentro.
Señora presidenta, usted prometió “nuevos tiempos” para Andalucía y
para Almería. Cúmplalo. Y no olvide que para esa travesía la crítica
razonante es siempre mejor acompañante que el halago interesado.
Pedro Manuel de La Cruz [ 22/09/2013 - 20:18 ]
La Voz de Almería